sábado, 26 de junio de 2010

martes, 22 de junio de 2010

Sobre el avatar maradoniano



En el preciso instante en el que Maradona fue crucificado -incluso antes, tal vez un poco después-, comenzamos a esperar la segunda parte. La llegada del Mesías, para los judíos; la segunda venida, para los cristianos. Comenzamos a ver sus señales, sus estigmas, alguna anunciación, en todos lados. Miles de veces creímos estar ante su sucesor, cuando en realidad se trataba sólo de sus apóstoles: Borghi, Riquelme, Saviola, Aimar, D'Alessandro y tantos otros, no encarnaban la esencia divina del 10, sólo venían a predicar su palabra con su buen libro bajo el brazo. Soñábamos con que un milagro divino nos trajera un hijo de su propia sangre, con su genoma y su ADN, porque sólo él podría replicar su mito. Deseábamos, acaso sin saberlo, que hubiese un laboratorio donde estuvieran intentando clonarlo, como ese tanque de Evangelion donde se guardaban a todas las Rei. Cuando ya estabamos por rendirnos, cuando sólo quedaba esperar una poco probable inmaculada concepción de Dalma o de Gianina, apareció él. Él, que venía de un molde parecido -petiso, zurdo, endiablado- pero cuyo pesebre no tenía nada que ver con el original. Porque no hay mucho parecido entre el Fiorito Negro de Maradona con el Rosario que vio nacer a Messi. Pero acaso sean el mismo. No es la misma su historia, su épica, su pasado. Tal vez el Messías no llegue a deidad. Pero qué importa eso cuando se lo ve a Messi flotar -no correr- por el verde cesped como lo hizo él hace veinte años. Lo dije en 2007, cuando Messi hizo carne el rito del gol maradoniano, que hasta entonces nadie había podido reproducir. Lo digo ahora que acaba de empezar el primer tiempo contra Grecia y Messi la va a romper, aunque creo que no tendría que haber jugado desde el arranque, para cuidarlo. Messi es el verdadero y único sucesor de Maradona. Es su hijo, su encarnación, el Avatar Maradoniano. Él es el Messías, que nos conducirá a la salvación.

martes, 15 de junio de 2010

D10s


Publicado en Artepolítica

No hace falta pertenecer a su iglesia. Ni siquiera hay que creer en Dios, en alguna forma de trascendencia, o en alguna existencia celestial o paranormal más allá del mundo físico. Pero la condición excluyente de ser argentino es creer en la divinidad, en la superioridad, en la inmensidad, de Diego Armando Maradona.

¿Queda algo para contar sobre El Diego que no se haya contado ya? ¿Es necesario repetir la historia de su vida, esa remontada cósmica a la inmortalidad? ¿Hace falta, cuando en todo el mundo la palabra "Argentina" es siempre sucedida, aunque subordinada, al nombre revelado, "Maradona"?

La historia argentina, la historia de los argentinos, es pequeña y mezquina. Tenemos pocos grandes personajes que hayan sido marcados por el "óleo sagrado de Samuel", que lleven tatuado en la frente el camino del héroe. Toda persona tiene una historia que merece ser contada, pero hay pocas historias grandes, épicas de verdad. Acaso sólo tres: San Martín, Perón, y Maradona.

Es Maradona un ídolo con los pies de barro, pero no porque se haya derrumbado en polvo. Tenía los pies literalmente metidos en el barro cuando llegó a nuestro mundo, a Fiorito, ese "barrio privado" ("privado de luz, de gas, de teléfono..."). No tuvo una concepción inmaculada en ese establo de la Belén del conurbano sur. Y su llegada estuvo señada acaso por su propia estrella.

Diego, "el pelusa", era un pibe petiso y algo retacón. ¿Pero importaron acaso alguna vez las limitaciones de nuestros héroes? No, y menos en el fútbol. Pelé tenía pie plano, Valderrama los pies torcidos, y Garrincha era chueco, con una pierna más larga que la otra. Dieguito aprovechaba su físico para escurrirse entre las piernas de todos los pibes de los potreros de Lanús. Flameaba al viento con la lengua afuera, en esos potreros, mientras muchos comenzaban a ver que ese pibe era algo distinto. No corría -nunca necesitó correr-; más bien flotaba por la cancha, eludiendo a dos, tres, mil rivales consecutivos para meterse adentro del arco con pelota y todo. Esa pelota -cualquier pelota, lo mismo valía una número cinco que una mandarina o un par de medias enrollado- que se llevaba hasta la cama, que era una extensión de sí mismo.


miércoles, 9 de junio de 2010

Hablemos de periodismo

Y llega el día del periodista, el aniversario del pase a la inmortalidad de Bernardo Neustadt (?) y los 200 años de La Gaceta, y comienzan a florecer como hongos las reflexiones sobre la historia del periodismo, sobre el periodismo en la era digital, y los desvaríos de Majul sobre hacer "periodismo en la era K".

Este blog no se caracteriza por nada, mucho menos por publicar a tiempo sobre los temas sobre los que quiere explayarse. Pero vamos a hablar del tema. Así que los dejo primero con algunas lecturas fundamentales.

-El excelente manifiesto, que recién hoy leí completo, en forma de borrador de Esteban Schmidt sobre el fin del periodismo.

-El gran artículo en el que Cicco explica cómo se inventa un boom.

-Las reflexiones de Martín sobre el principio del fin de Clarín.

-Una muy emocionante nota sobre Steve Buttry, escrita por su mujer -también periodista-, cuya moraleja
es "podés amar este trabajo con todo, pero no esperes que el periodismo te ame a vos".

Seguimos.

martes, 8 de junio de 2010

Ficción


¿Y qué es lo que está mal, si al fin y al cabo, el periodismo y la literatura son ficción?

lunes, 24 de mayo de 2010

¿Y si ganamos?



Publicado en Artepolítica

Esta semana se respira un aire distinto. Un aire a "primavera alfonsinista", por así decirlo. Se camina por la calle entre un espíritu patriótico que no se ve muy seguido, que no se puede atribuir sólo al feriado largo. La gente deja de ser un poco "lagente" de la cadena mediática de la buena onda y hasta se relaciona entre ella con otra actitud. Y la ciudad es una fiesta.

Entonces uno se pregunta: ¿Qué es lo que pasa? ¿Cuánto puede llegar a durar? Luego recordamos que estamos a pocas semanas de esa más maravillosa música que es el pitazo inicial del mundial de fútbol. ¿Y si nos va bien? ¿Y si salimos campeones? ¿Qué pasa entonces? ¿Eh, Pasman?

No se puede pensar en el bicentenario, en el mundial, y en los hechos de los últimos y próximos meses en función de la posibilidades del kirchnerismo, en tanto manifestación argentina de los procesos centroizquierdistas y estatistas latinoamericanos, en las elecciones de 2011. Anulada la opción de obligar al gobierno a ajustar o retirarse, aún con un panorama legislativo adverso, sólo queda seguir el destino de un oficialismo cada vez más sólido frente a un rejunte cívico en declive y un peronismo disidente indeciso. En criollo: ¿Y si ganamos?

Claro que todo depende de lo que ocurra en los próximos veces, y los intentos de hacer futurología son vanos. Pero partamos de la base de que existe la posibilidad, más o menos estadísticamente remota o cercana, de la continuidad del kirchnerismo. No hay muchos registros en la historia argentina reciente de procesos políticos y/o socioeconómicos que hayan durado tanto. Eso no implica que un eventual sucesor kirchnerista llegue a la Casa Rosada en 2011 sin saber dónde está parado. Pero el planteo lleva a la pregunta inevitable: En ese caso, ¿qué hacemos?


miércoles, 19 de mayo de 2010

Hipótesis

Lo siguiente es un relato de ficción, sin relación alguna con la realidad. Supongamos que puede ocurrir.



11 de julio de 2010, Johannesburgo, Sudáfrica. Final. Argentina - España. Partido cerrado, empatado en cero. Minuto 119 del tiempo suplementario. Falta a Messi en tres cuartos de cancha. Verón camina a patear el centro. Rechaza Iker Casillas, con tan mala suerte que le rebota a Palermo en la punta de la chota y entra. Gol. Argentina campeón del mundo. Diego se tira de palomita sobre el verde césped. Palermo expresa su grito primario y bestial, se cuelga de la reja del estadio y la misma se le cae encima. Con una pierna rota y sangrando, se suma al festejo del resto de los jugadores. Messi le saca las pilas al control de la Play 3. Diego, ya en calzones, se aspira todas las líneas de cal del campo de juego. Sus ayudantes no lo pueden parar. Aparece Piolavago, acompañada de la Filarmónica de Londres, y Tevez toma un megáfono para entonar "Güi Arde Champio". Messi se acerca al podio para tomar la copa, pero Diego, aún en calzones, se la roba. Le toca el ojete a Joao Havelange. Agarra el micrófono y proclama: "TODOS USTEDES DEBUTARON CON PELÉ EN UNA FIESTA NEGRA EN LA QUE TAMBIÉN PARTICIPARON, ANOTÁ: HAVELANGE, BLATTER, ELIO ROSSI, JORGE DORIO Y LA FIESTERA DE FLAVIA PALMIERO". Ovación en las tribunas. Diego agarra la copa y se la sacude por la chota. Todos le escupen adentro. Sus asistentes siguen sin poder contenerlo. Horas después, la conferencia de prensa. Periodistas de todo el mundo reunidos. Cae Maradona. Todavía en calzones, con un tapado de piel de leopardo encima y una cadena de oro gigante en el pecho. Una trola de cada brazo. La nariz blanca como el marmol. No se sienta. Se sube a la mesa. Se baja los calzones. Y acaba encima de todos los trabajadores de prensa, con un chorro grueso y profuso, caudaloso como las Cataratas del Iguazú. "¡Sigan mamando!", grita. "Con perdón de las damas", agrega, les toca una teta a cada una de sus trolas, "¡sigan mamando!", completa. Jura algo ininteligible por Dalma y Giannina. Se pierde en la noche sudafricana. Aparece tres meses después, en la puerta de Cocodrilo, con 30 kilos menos, visiblemente más pálido. El kirchnerismo gana las elecciones de 2011. Fin.

Inspirado parcialmente en este comentario.